Querida amiga Pedroche, te hemos pillado.

Si, a lo mejor creías que no nos ibamos a dar cuenta, pero no, ¡Que nos hemos percatado de lo quisiste hacer anoche!

Porque cuando media España estaba dándole al mando para ver las Campanadas en todos los canales, tú apareciste como una zarina con un abrigo rojo que podría haberte encubrado al olimpo de las más elegantes.

Bueno, pues cuando todos estábamos deseosos de ver el “no vestido” apareciste tapada hasta el tuétano. Los colmillos se desafilaron cuando abriste la boca. Otras, en esos momentos, recuerdan a sus padres, a sus novios, desean lo mejor con esa forma tan peculiar que tenemos los íberos de desear un feliz año  pero tú soltaste en pocas palabras lo que muchos reflexionamos en estos días. QUE DEBEMOS SER LIBRES DE DAR LA IMAGEN QUE QUERAMOS.

Así, nos quedamos. Con la boca abierta pensando, “hace este discurso así vestida porque no quiere que nada desvirtúe sus palabras” y blablablá… pero acto seguido, es cuando demostraste que no solo actúas de boquilla.

El vestido-abrigo desapareció y surgió el mono de encaje. Las mentes cuadriculadas que tanto abundan ahora desgraciadamente, eruptaron “ya está en pelotas” “no se guarda ná” ” ya no sabe qué hacer para dar que hablar”. Pero entre tanto desencaje, algo quedó sembrado.

Cristina, te entendí a la primera.

A ti te da igual que tu mono nos parezca bonito o feo.  A ti, lo que te importa de verdad es la libertad. Mi libertad de opinar como espectador lo que quiera y tu libertad de ponerte o no ponerte lo que te de la gana sin miedo.

En una noche en la que tendríamos que haber sentido vergüenza. 24 horas antes, culpábamos a una chica de su desaparición porque le gustaba salir,  usar minifalda y estar con quien quiera.

Cuando de verdad, su único error era tener la mala fortuna de toparse con un asesino, cuyos instintos dependen de lo que estabas hablando, Cristina. De no entender la libertad del otro, en este caso la libertad de Diana.

Cristina,  nos diste un puñetazo sé que te gusta el boxeo con un guante de encaje blanco. Ese mensaje: “Una persona tiene que sentir la libertad de ponerse lo que le salga de la uva sin miedo a que la agredan, la insulten o la violen. Te guste o no, ese es tu problema pero yo me visto como quiero”.

Un mensaje universal porque sirve para todos. Que las chicas se pongan lo transparente que quieran ir, sin temor a más consecuencias que una opinión. Que los chicos puedan salir a la calle vestidos de la manera que tradicionalmente asociamos al sexo femenino, al masculino o al indefinido. Que una señora de 70 años pueda usar el escote que quiera sin que los que estén cerca la vean como una “vieja verde”… En fin, lo que se llama LIBERTAD.

Cristina, me gustaría presentarte a un amigo después de lo que hiciste ayer. Te cuento. Trabaja en una tienda de ropa interior masculina y colgaba fotos en las redes sociales con las prendas que vende. Le pasa como a ti, que son la mínima expresión de una tela. Bueno, pues se tenía que enfrentar día sí y día también a denuncias, a insultos y a algo peor, a mensajes de fotos con gente desnuda avisándole de que querían “tema” e incluso a que alguien no le tomara en serio y tratara de invadir la libertad de su cuerpo.

Por mostrarse con naturalidad un individuo no está pidiendo a gritos “sexo” o que le falten al respeto.

Pide, creo que como tú, que le dejen ser como es.

Y que si aprovechas esos minutos de atención para desear lo que más falta nos hace al año, estupendo.

Y que si te pagan por eso, pues OLE por tu bolsillo y por el de el resto del equipo al que das de comer.

Pero que prefiero a una como a tú, frente a mil que solo saben desear cosas buenas al año nuevo, mientras que el resto del tiempo envidian, recelan y odian.

MI DESEO PARA EL AÑO 2018: creo que el mismo que el tuyo. Un manual de libertad para todos y todas.

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