Es lunes. Y me pongo a repasar las imágenes de lo que ha sido noticia durante el fin de semana. Entre ellas, veo el bautizo del hijo de Ortega Cano.

En todos los medios se ha destacado la ausencia de personajes conocidos. Y es que Ortega se ha convertido en el hombre solitario. En un apestado tras la sentencia condenatoria por la muerte en accidente de Carlos Parra.

Tan solo compañeros como Victor Puerto han acudido a la ceremonia, demostrando que una cosa es el cariño acumulado a través de los años y otra las vicisitudes de la vida.

Pero lo peor no lo he visto en las crónicas, sino en los comentarios de los lectores. En uno de ellos, calificaban al torero de “contaminante”.

No voy a romper una lanza por una persona condenada por conducción temeraria. Los que realmente me conocéis, sabéis que una de las ausencias más importantes de mi vida la provocó un accidente de tráfico pero sí que quiero, en cierto modo, poner las cosas en su sitio.

¿Cuántos de los que me leéis no habéis conducido con una copa en el cuerpo? Quien mas y quien menos ha dicho “yo controlo” o se ha subido en un coche con un conductor achispado.  ¿Y los que se alegran porque llevando tres copas en el cuerpo, han soplado y no han dado alcohol en aliento?

Es más, ¿cuántos no hemos conducido con un medicamento que no nos recomendaba ponernos al volante porque mermaba nuestra atención?

Pues en todos esos casos hemos actuado con la misma irresponsabilidad que Ortega. Seamos serios y en vez de utilizarlo como chivo expiatorio, volviendo la cara a otro lado, lo convirtamos en ejemplo. En ejemplo a no seguir. Pero en todos los aspectos.

Negándonos a montar en un vehículo si el conductor no está al 100% de sus capacidades. Parándonos cuando nos entre sueño al volante. Dejando el coche aparcado si hemos bebido. Y poniendo nuestros sentidos en la carretera.

Ortega es el hombre solitario porque él solo se lo ha buscado.  Pero al darle la espalda no estamos recibiendo una indulgencia plenaria. Quizás nos estemos avergonzando de nosotros mismos al darnos cuenta de que también pudimos ser él.

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