Muchos sabréis que cada año (y ya van unos cuantos) paso el día 22 de diciembre encerrado en el Teatro Real con la obligación de trasladar todo el ambiente del sorteo extraordinario de la lotería nacional de Navidad a los andaluces, a través del especial que emiten en directo en la televisión pública, es decir Canal Sur. Como a todos mis compañeros siempre se me quedan cosas por decir, bien por los tiempos, bien por la inmediatez o bien porque no caes y punto. 

Este año, no quería dejar pasar los días sin expresar el asco que me provoca todo lo que leo acerca de la niña cuyo nombre paso de dar  porque es una menor y tiene el derecho a que no se le señale más que cantó los premios con el pelo corto.

Estar en directo y leer en una red social como la llaman “chico con faldas” o “se le van a ver las bolas por debajo de la falda” me revolvió las tripas. No creía que fuera capaz después de sonreir y hablar con naturalidad de lo realmente importante en ese instante, la ilusión del que puede ganar un premio y sobre todo, la ilusión de esos niños que se consideran portadores de la fortuna de muchos.

No sé si los que insultaban en ese momento pensaron en que era una niña, de un colegio en el que casi todos sus alumnos, viven inmersos en situaciones familiares peculiares. Tampoco sé si pensaron en que a lo mejor es una pre adolescente que simplemente se cortó el pelo. Y menos aún me planteo si directamente pensaron en esas circunstancias y directamente se dedicaron a escupirle su bilis sin miramientos.

Lo que sí que sé es que esta joven es mi heroína. ¿por qué? porque hizo visible lo que muchos venimos advirtiendo desde hace mucho. Las políticas de integración habrán avanzado mucho pero la sociedad se queda tres pasos atrás. O mil. Seguimos insultando a una persona por su género. Y esos insultos puntuales son los que a diario viven en sus carnes niños y adultos transexuales o directamente con un aspecto que se aleja de los cánones impuestos por pensamientos arcaicos y discriminatorios.

La navidad pone en evidencia esto que digo. Las niñas de San Ildefonso con coleta o melenita recogida con lazo. Si hay pelo corto o son unas “machorras” o son niños “travelos” mejor que Hazlo oir, Háztelo ver si piensas así. Los angelitos tienen que ser niños rollizos y rubitos mejor. Las virgencitas del portal deben ser rubias y guapas. Las gorditas de pastoras y si eres niño, de pastor con un buen entrecejo. Los reyes Baltasar deben ser blanquitos con la cara pintada de negro. Ah y la estrella de la ilusión de la cabalgata, una joven guapa, con escote y a poder ser con vestido escotado y vaporoso, aunque haga un frío helador.

Basta ya.

Me cabrea. Y creo que, a lo mejor no enfada a los demás. Pero a mi me enerva.

Por eso, ver a una hermana (de esas que te regala la amistad) vestir a su hija maliense de campesina de su país, con su pagne y su pintura tradicional, me hizo feliz.

Un rayo negro de esperanza ante tanta podredumbre adornada con espumillón. 

Quiero niñxs sin género tradicionalmente entendido en el sorteo. Quiero que lleven todxs pantalones, o faldas. Lo que les apetezca.  Quiero vírgenes gordas. Con entrecejo. Quiero pastores con pluma y también pelo. Quiero panaderas y quiero carpinteras. Quiero un lavandero. Quiero un rey Baltasar sin pintura.  Quiero estrellas y estrellos. Y quiero con toda mi alma angelitos negros o del color que les haya regalado el dios al que le recen.

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